miércoles, 21 de julio de 2010

¿Tienen los animales un lenguaje?

El lenguaje de los animales
Si se entiende por lenguaje un medio de comunicar con facilidad los pensamientos, es evidente que todo animal, que no vive absolutamente solitario, debe tener su lenguaje. Si lenguaje quiere decir, colección de signos articulados, o más bien, colección de articulaciones y de voz, se complica más la cuestión. Sin embargo, pueden servir para resolverla las siguientes observaciones esenciales: 1ª. No es necesario tener un alfabeto completo para poseer un lenguaje; lo cual es evidente puesto que muchas naciones tienen letras y pronunciaciones exclusivas, por ejemplo, la th inglesa, la u francesa, la f española, la thtch rusa, &c., &c. Luego si a cada pueblo en particular le faltan lo menos treinta articulaciones sin perjuicio de su lenguaje, pueden muy bien los animales carecer de doble número. Basta que se tengan tres o cuatro para que haya lenguaje. 2ª. Poco importa que las articulaciones o los sonidos sean producidos por el pulmón o no, basta que sean orgánicos para que exista lenguaje. 3ª. Porque nosotros no oigamos el ruido, los sonidos, o algo de lo que se necesita para calificar su diferencia, no debe creerse que no existan o que sean nulas sus diferencias. 4ª. Nada indica que estos elementos de lenguaje que poseen los animales no puedan perfeccionarse algún día; porque se sabe que se perfeccionan ya por sí mismos, o ya por nuestros cuidados, y es probable que la mejora de ciertos sonidos e ideas obrase en la del lenguaje.
El hombre mismo tan ventajosamente dotado por la naturaleza con respecto a voz no tiene tampoco naturalmente un lenguaje; y quizá en ciertas regiones han pasado siglos antes de tener un mediano alfabeto.
Se cree generalmente porque se escuchan los gritos de los de los pájaros desde lejos, y con poca atención, que producen siempre un mismo sonido, lo cual es un error. Los cuervos, según ha observado Dupont, producen veinte y cinco sonidos diferentes. Estos sonidos pueden muy bien servirles para comunicar sus ideas, y ser veinte y cinco señales para avisarse mutuamente con relación a sus necesidades.
El perro solo emplea en sus ladridos vocales, y alguna vez cuando se encoleriza, la s y la z.
También el gato usa las mismas vocales que el perro, pero añade algunas consonantes, entre las que se marcan con más evidencia la m y la r.
Sería imposible que los animales viviesen como viven en sociedad, si no tuviesen medios para entenderse y comunicarse sus ideas. Las hormigas se dan los avisos necesarios cuando se trata de robar las provisiones. Las golondrinas acuden todas para edificar con prontitud el nido de alguna hembra que va a poner y se ha desecho por casualidad, y acuden llamadas por la misma hembra que da gritos lastimeros. Las abejas se ayudan recíprocamente para sacar de la colmena los cadáveres de sus compañeras.
Dice un naturalista después de haber descrito la vida social, las transmigraciones y las asambleas deliberativas de las hormigas: «Nada de esto puede hacerse sin tener grandes medios para comunicarse las ideas, sin una lengua abundante y una extensa gramática. No tenemos nosotros la finura de oído suficiente para saber si las hormigas tienen un lenguaje oral; no han sido estas suficientemente disecadas, ni vistas con microscopios de bastante fuerza para que sepamos con seguridad que poseen el órgano del oído. Sin embargo, las he visto al sonar un ruido imprevisto, dar, parándose o huyendo, signos de audición, aunque también puede ser que la sola vibración del aire haya producido estos efectos de temor sin necesidad de audición real.»
Los pájaros, como el hombre, tienen además del lenguaje hablado, el canto, que no es en la esencia mas que una enérgica acentuación del discurso, producida, según algunos naturalistas, por la superabundancia del amor. Los pájaros no podrían sacar tan enorme fuerza de sus débiles músculos sino por un exceso de vida, cuyos elementos dan a su amor una violencia extraordinaria. En casos semejantes no basta amar, sino que es necesario añadir al pensamiento la energía de las entonaciones y del rhytmo. Esto ha originado la poesía, y hecho músico a los pájaros.
El gallo habla la lengua de sus gallinas, y después canta su valor y su gloria. El canario canta su amor y su talento. La alondra macho canta un himno a las bellezas de la naturaleza, y despliega todo su vigor cuando hiende los aires y se eleva a los ojos de la hembra que lo admira. La golondrina todo ternura y afecto, rara vez canta sola sino en coro con los demás individuos de su familia; su voz tiene poca extensión, y sin embargo , su pequeño concierto es sumamente agradable.
El ruiseñor, el rey de los cantores, tiene tres clases de canto que manifiestan los diferentes estados de su pasión amorosa; y según esta, es su voz suplicante y tierna, satisfecha y alegre, o tranquila y apacible.
Hay, sin embargo, aves que cantan sin dar ningún sentido a su canto, y solo por repetir y reproducir sonidos armoniosos, como sucede a la mayor parte de nuestras damas que cantan música italiana en los conciertos. Tales son el papagayo que repite las palabras que oye, y el burlón de América que abusa de la facilidad de su órgano para atraer los otros pájaros, cuyo canto imita, y después silba y se burla con sus compañeros en su lenguaje natural.

¿Tienen los animales un lenguaje?


Más allá de que nosotros no podamos comprenderlos siempre, ¿”hablan” los animales? ¿Cómo se comunican entre sí? ¿Existe un equivalente al lenguaje humano en el reino animal?
Cualquier dueño de un perro o de un gato seguramente afirmaría con seguridad que su mascota lo entiende perfectamente. Al observar comportamientos tales como los cantos de las ballenas, el complejo armado de un nido de hornero –con un mismo patrón que se repite sin variantes generación tras generación de aves-, o al contemplar la danza ritual de las abejas alrededor de una flor, podemos llegar a pensar que los animales, así como las personas, poseen un lenguaje.
Y sin embargo, no es así. No, al menos,el lenguaje (entendido como un sistema discreto combinatorio conocido como “gramática”, que nos permite formar un número infinito de oraciones comprensibles y gramaticales) es propiedad exclusiva de la especie humana. Esto se debe a que forma parte de nuestra dotación genética, y que no lo compartimos ni siquiera con nuestros parientes más cercanos, los chimpancés.
¿El lenguaje es equivalente a la comunicación?
Por supuesto que no. Expertos afirman que sólo un 7% de la comunicación es verbal –es decir, se da a través del lenguaje-. Algo así como un 40% depende de la entonación que se les da a las palabras, y el restante 50% es gestual. Por ello, cuando el perro viene moviendo la cola al oír el amistoso saludo de su dueño, o cuando el gato se esconde bajo la cama cuando el dueño lo reprende por haberse comido el jamón que estaba sobre la mesa, lo que los animales captan es la emoción detrás de las palabras.
¿Cómo se comunican los animales?
Con un repertorio finito de llamadas (por ejemplo, un aullido para advertir a la manada de posibles presas, otro para reclamar el propio territorio, etc.), un signo continuo análogo que registra la magnitud de algún estado (cuanto más viva es la danza de la abeja, más rica es la fuente de polen), o una serie de variaciones al azar sobre un mismo tema (el canto de las aves).
Por supuesto, que los animales no tengan un lenguaje propiamente dicho, no les impide comunicarse. De hecho, somos nosotros, los seres humanos, quienes a veces tenemos problemas de comunicación, no a pesar de nuestro lenguaje, sino inclusive gracias al mismo: ¿qué otra cosa son las ambigüedades, las mentiras, los equívocos o los malos entendidos?


El instinto del lenguaje, publicado por Alianza Editorial, 2001.

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